Opinión · Convocatoria 2026

IA, trampa y puntos ciegos: por qué se dispararon los aciertos del examen en línea de la UNAM

Cuando salieron los resultados de la convocatoria 2026, en cuestión de días se instaló una sola pregunta en redes: ¿cómo tanta gente sacó casi 120 de 120? En nuestros análisis anteriores ya mostramos, con datos oficiales, que los aciertos se dispararon en el primer examen en línea. Aquí no repetimos los números: intentamos responder por qué. La respuesta corta es que la inteligencia artificial no es la novedad. Lo nuevo fue el formato, y el formato llegó con puntos ciegos.

Aspirantes con 100 aciertos o más en carreras de alta demanda: alrededor de 9% en el examen presencial de 2021 a 2025, contra cerca de 30% en el examen en línea de 2026. Además, la UNAM canceló alrededor del 2% de los exámenes por irregularidades y 2026 fue el primer año 100% en línea del sistema escolarizado.
La proporción de aspirantes con 100 aciertos o más se triplicó en el primer examen en línea. Cifras de los listados oficiales DGAE analizados en nuestra serie del examen en línea.

La IA no es la novedad

Cada vez que suben los puntajes, el primer sospechoso es la inteligencia artificial. Es una explicación cómoda, pero tiene un problema de fechas. La IA no apareció en 2026: lleva años entre nosotros y ya era parte de cómo estudian miles de aspirantes mucho antes de este examen. Si por sí sola explicara el salto, los aciertos habrían venido subiendo poco a poco, año con año, conforme las herramientas mejoraban.

No fue así. Los cortes estuvieron planos durante cinco años y saltaron de golpe justo en la primera convocatoria en línea (lo documentamos combinación por combinación en el análisis del escolarizado y en la distribución rota de aciertos). Lo que cambió en 2026 no fue que existiera la IA. Fue la modalidad.

Hay incluso una segunda ironía con la IA en esta historia: buena parte del reclamo público no es que los aspirantes usaran IA para estudiar, sino que la IA de supervisión de la propia plataforma no alcanzó a detectar las irregularidades mientras el examen ocurría.

Lo que sí cambió: la modalidad

El Concurso de Selección 2026 fue el primero 100% en línea para el sistema escolarizado. Ese cambio, que suena administrativo, lo cambia todo. Un examen presencial se aplica en un auditorio, con vigilancia física y en igualdad de condiciones para todos. Un examen en casa se aplica en miles de cuartos distintos, cada uno con su propia realidad, y su vigilancia depende de una cámara y de un software.

La UNAM dio un paso enorme: aplicar a más de 150 mil personas en línea no es cosa menor. Pero ese paso vino con retos que la propia universidad está reconociendo y revisando. No es un reclamo contra la modalidad en abstracto, es lo que pasa cuando un proceso masivo estrena formato: aparecen huecos que en el papel no existían.

Los puntos ciegos

¿Qué tan difícil es hacer trampa en un examen en línea? Más fácil de lo que parece, y no por falta de reglas. Antes de empezar se pide escanear el lugar con la cámara: mostrar el escritorio, el cuarto, las manos. El problema es lo que pasa después. Durante el examen, la cámara solo te enfoca a ti. Todo lo que quede fuera de ese encuadre (una pared, una segunda pantalla, alguien más en la habitación, un teléfono sobre las piernas) deja de ser visible.

Una aspirante presenta el examen de admisión de la UNAM 2026 en su laptop mientras, a un lado y fuera del encuadre de la cámara, un teléfono muestra la misma pantalla del examen: el punto ciego del formato en casa.
En un examen desde casa, la cámara enfoca al sustentante, pero un segundo dispositivo a un lado queda fuera de cuadro. El escaneo inicial es una foto, no una película.

Ese es el punto ciego estructural del formato: el escaneo inicial es una foto, no una película. No hace falta ser experto para entenderlo, y por eso la revisión que abrió la UNAM apunta tanto al procedimiento como a los resultados. La supervisión remota mejora cada año, pero hoy sigue teniendo ángulos que una sala física no tiene.

¿Hubo trampa? La UNAM ya respondió

Aquí no necesitamos especular, porque la propia universidad se pronunció. El rector Leonardo Lomelí Vanegas instruyó un informe detallado del proceso e integró una comisión técnica de expertos universitarios para revisar, con rigor académico, el procedimiento del examen y los resultados. Y no es solo una revisión preventiva: la UNAM reconoció que detectó conductas contrarias a la convocatoria, canceló alrededor del 2% de los exámenes y presentó una denuncia penal contra personas y empresas que, según su propio comunicado, vendieron servicios fraudulentos a las familias.

Lo que dijo la UNAM

«Se detectaron algunas acciones contrarias a la convocatoria y a la normatividad universitaria, incluidas aquellas que podrían configurarse como prácticas ilegales de personas y empresas que engañaron a familias y vendieron servicios fraudulentos para sustentar el examen.»

La universidad presentó una denuncia penal e integró una comisión técnica para revisar el proceso y los resultados. Entre las irregularidades reportadas se mencionan suplantación de identidad y apoyo externo durante la prueba.

En los grupos y comunidades de aspirantes circularon, además, todo tipo de teorías sobre cómo se habría filtrado el contenido: que si ciertos grupos presentaron en las primeras fechas para extraer reactivos, que si se vendieron respuestas. Son eso, teorías, y no las vamos a dar por hechas ni a señalar a nadie con nombre. Lo que sí es un hecho, dicho por la UNAM, es que hubo servicios fraudulentos y exámenes cancelados. Y vale la pena recordar que este tipo de mañas no nació con el examen en línea: en el papel también existían. La diferencia es que el formato en línea tiene más puntos ciegos, y por eso es más difícil de vigilar.

Hay un costo injusto en todo esto. La gran mayoría de quienes obtuvieron puntajes altos estudió durísimo para lograrlo. Pero cuando estalla una sospecha general, esos aspirantes honestos terminan cargando con una duda que no les corresponde, manchados por la conducta de unos cuantos. Negar que hubo irregularidades no ayuda a nadie; reconocerlas con precisión, como está haciendo la universidad, es justo lo que protege a quienes sí se ganaron su lugar.

¿Y los simuladores? No fueron el detonante

Podríamos aprovechar esta nota para decir que un buen simulador es lo que separa a quien queda de quien no. Sería deshonesto. Sí existen simuladores avanzados que te permiten practicar mejor y darle seguimiento a tu estudio (el nuestro es uno de ellos), pero tampoco creemos que sean el detonante del salto de aciertos.

La razón es simple y la vemos en nuestros propios datos internos: no todos los aspirantes dedican el tiempo que exige un puntaje alto. Una herramienta no estudia por ti. Quien no le invierte horas no saca 110 aciertos por tener una buena app abierta. Los simuladores mueven la aguja de quien ya está dispuesto a trabajar; no fabrican, de la nada, una cohorte entera de casi-perfectos.

¿Por qué solo se ve en la UNAM?

Una pregunta razonable: otras universidades ya aplican examen en línea, ¿por qué el escándalo es de la UNAM? No es que a las demás no les pase. Es que la UNAM publica sus datos con un nivel de detalle que casi nadie más ofrece: cortes por carrera, por plantel, por modalidad, convocatoria tras convocatoria.

Ese mismo detalle es el que nos permitió, a nosotros y a otros analistas, notar que la distribución de aciertos se rompió este año. Donde no hay datos públicos granulares, no hay forma de detectar un cambio de tendencia aunque exista. La transparencia de la UNAM es lo que hace visible el problema; de forma un poco paradójica, la castiga en la conversación pública por ser de las pocas que se deja auditar.

Dónde estamos parados

Nuestra plataforma no existe para adivinar preguntas ni para prometer atajos. Está diseñada para una cosa: identificar los puntos débiles de quien quiere entrar a una carrera de alta demanda y darle seguimiento hasta cerrarlos. Eso funciona solo si el aspirante hace su parte y sigue las recomendaciones. Nosotros ponemos el diagnóstico, el seguimiento y las mejoras constantes para que sea pedagógicamente útil, porque el objetivo final no es sacar un buen número en una práctica, es ganarse un lugar en la carrera elegida.

La UNAM ya se pronunció y va a revisar su proceso. Nosotros no nos confiamos: al contrario, subimos la vara. Mientras el examen siga cambiando, nuestro trabajo es que quien estudie de verdad llegue con el margen suficiente para que ninguna trampa le quite su lugar.

Fuentes: Comunicados oficiales UNAM-DGCS-421 y UNAM-DGCS-403bis; cobertura de La Jornada y El Financiero. Las cifras de aciertos provienen de los listados oficiales DGAE analizados en nuestra serie del examen en línea.

Preguntas frecuentes

Sobre la IA, la trampa y el examen en línea de la UNAM

¿Hubo trampa en el examen en línea de la UNAM 2026?
La propia UNAM confirmó que detectó conductas contrarias a la convocatoria, canceló alrededor del 2% de los exámenes y presentó una denuncia penal contra personas y empresas que vendieron servicios fraudulentos a las familias para sustentar el examen. Además integró una comisión técnica de expertos para revisar el proceso y los resultados. No todo el salto de aciertos se explica así, pero una parte sí: lo dice la universidad, no una especulación.
¿La inteligencia artificial hizo que subieran los aciertos?
La IA no es la novedad: lleva años siendo parte de cómo estudian los aspirantes. Si por sí sola explicara el salto, los aciertos habrían subido poco a poco conforme mejoraban las herramientas, no de golpe justo en el primer año en línea. Lo que cambió en 2026 no fue que existiera la IA, fue la modalidad del examen. De hecho, parte del reclamo público es que la IA de supervisión de la plataforma no alcanzó a detectar las irregularidades mientras ocurrían.
¿Es fácil hacer trampa en un examen en línea?
Más fácil de lo que parece, y no por falta de reglas. Aunque antes de empezar se pide escanear el lugar con la cámara, durante el examen el encuadre solo enfoca al sustentante, y el resto del espacio queda fuera de vista. Ese punto ciego es estructural del formato y es una de las razones por las que la UNAM abrió una revisión del procedimiento.
¿Un simulador sube tus aciertos en el examen?
Ayuda si lo usas bien, pero no es un botón mágico. Según nuestros datos internos, no todos los aspirantes dedican el tiempo que exige un puntaje alto. Un buen simulador sirve para ubicar tus puntos débiles y darte seguimiento, pero el estudio y la constancia siguen siendo tuyos: una herramienta no estudia por ti.
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